domingo, 26 de noviembre de 2006

En busca de Iguanaboina

Por Carmen Leonor Rivera-Lassén / classen@elnuevodia.com

Los bateyes del Centro Ceremonial Indígena de Caguana cobran un nuevo significado: eran un espacio sagrado para los taínos

“Lo sorprendente de esta obra de arte es que en ambas representaciones de serpientes, el artífice taíno, utilizó, probablemente, de manera intencional, elementos de perspectiva e ilusión óptica”. - Robinson Rosado, arqueólogo

El amigo llegó, papeles en mano, a narrar un hallazgo que por fin podía confirmar. Los bateyes del Centro Ceremonial Indígena de Caguana, entre las montañas de Utuado, cobraban un nuevo sentido. Un sentido que las vincula a un mito compartido por los pueblos indígenas del Caribe, Centro y Suramérica: el mito de Iguanaboina, cuyas iguanas y serpientes emergen de la tierra de Caguana.

En el año 1965, cuando Robinson Rosado tenía 18 años, vio por primera vez la serpiente en las piedras de Caguana. Compartió su observación con algunos compañeros y lo que obtuvo fue risas y comentarios sarcásticos. Con la Sociedad Arqueológica Ciba de Ciales, que fundó, volvió en 1980. No se había olvidado de su serpiente y trató de llamar de nuevo la atención a su observación, sin éxito. Un año después, volvió con otros miembros de la Sociedad y, de nuevo, nadie vio la serpiente.

Esas reacciones lo animaron a estudiar a fondo, por varios años, los mitos indígenas antillanos que podían estar relacionados a las representaciones en piedra como aquellas que nacían de la tierra utuadeña. Lo que más le llamaba la atención al estudioso, y que nadie parecía ver como él, era el arreglo particular de los monolitos y de lo que siempre se conoció como las calzadas en Caguana. En las piedras había algo más que una mujer y el arreglo del batey pudo ser para algo más que el juego de pelota. Rosado investigó y leyó todo lo que llegó a sus manos, entrevistó a antropólogos y arqueólogos, y visitó otros centros ceremoniales en Puerto Rico, la República Dominicana y Centroamérica para sustentar lo que de aquella primera observación parecía convertirse en un importante hallazgo.

“Aunque ya se había descubierto el Centro Ceremonial Indígena de Caguana, la utilización de éste por el taíno no se había podido interpretar adecuadamente. El hallazgo de las iguanas-serpientes representa la llave arqueológica que revela el código secreto que contiene su arquitectura, su arte. Descifra en gran medida el arcano simbolismo de sus petroglifos y la primordial función de este centro ceremonial: el culto a la deidad mítica de Iguanaboina, probablemente representada en el principal petroglifo, la mujer de Caguana”, dice Rosado.

Esto nos recuerda que la aparición de grandes hallazgos arqueológicos y sus respectivas interpretaciones es un fenómeno de los siglos XIX y XX. Tras años de sostenerse las teorías de los descubridores iniciales, surgieron otras interpretaciones que ampliaron los alcances de las mismas. Es así como ahora, al volver sobre los datos arqueológicos, las líneas de Nazca dejan de ser meras incisiones de gran tamaño en la piedra para ser muestra del conocimiento geométrico de los pueblos peruanos; los montículos de Ohio se toman como lugares donde los primeros pobladores de la región celebraron sus ceremonias culturales; cobra importancia como códice de la cultura maya la escalinata jeroglífica en las ruinas de Copán; se establece la ciudadela de Huánuco Pampa como el lugar donde ubica el más grande de los observatorios astronómicos de los incas y se establece que la función de la pirámide maya era como soporte de un templo.

LaREVISTA habló con Robinson Rosado sobre el significado de su hallazgo. Sus contestaciones señalan hacia la incorporación de nuestros taínos a un mapa o ruta de centros de veneración y práctica de rituales mágico-religiosos en las Antillas.

¿En qué consiste el hallazgo?

Consiste en cuatro gigantescas formaciones pétreas que representan serpientes, iguanas o la combinación de ambos reptiles. De las cuatro representaciones de reptiles, las conformadas por las calzadas o aceras de piedra norte y sur son dos representaciones artísticas de serpientes. Las otras dos formaciones probablemente representan iguanas, conformadas por las hileras de monolitos al este y oeste del batey principal.

Con las formaciones pétreas o representaciones de reptiles, el artífice, quien probablemente fue un bohíque o sacerdote taíno, quiso plasmar el concepto híbrido -mitad iguana, mitad serpiente- de la deidad de Iguanaboina. Es probable que las piedras que están ubicadas estratégicamente al final y al principio de cada hilera de monolitos del lado este y oeste, si se combinan de adelante hacia atrás y viceversa, con las calzadas de piedras norte y sur, y con las hileras de monolitos, formen ocho representaciones de reptiles. Cuatro serían de serpientes y cuatro de iguanas. Formarían una especie de muro de reptiles alrededor del perímetro del batey principal.

Postulo que debido al descubrimiento de la imagen de serpientes y de probables iguanas, el petroglifo principal, conocido como “la mujer de Caguana”, es realmente la representación de Iguanaboina. Este petroglifo sería la representación de “la mujer iguana-serpiente de Caguana”.

¿Cómo se dio el hallazgo?

Se dio durante la excursión que realicé en 1965, cuando cursaba el cuarto año de escuela superior, al Centro Ceremonial de Caguana. Fue cuando por primera vez asocié la calzada norte y la primera piedra de la hilera de monolitos del lado este del batey principal con la silueta de una serpiente. A principios del 2004, volví a Caguana y esta vez fotografié la calzada. Al revelar las fotos y observarlas, me reiteré en la idea de que podía ser la representación artística de una serpiente, realizada por los taínos con algún propósito. En enero de 2006, estimulado por el resultado de las fotografías, tomé un video de ambas calzadas y de los monolitos del batey principal. Al observarlo, mi sorpresa fue inmensa, al ver que era evidente el parecido de las calzadas con la silueta de una serpiente. Al observar un acercamiento de la primera piedra de la hilera de monolitos del lado este, me percaté de que además de tener un parecido con la forma casi triangular de la cabeza de un reptil, tenía dos orificios. Podían coincidir con los orificios del ojo y la nariz del reptil. Igualmente, pude observar que la parte superior de la piedra de la posible representación de la cabeza pétrea del reptil presentaba evidencia de haber sido modificada por medio de una devastación intencional, con el posible propósito de lograr un parecido con la cabeza de una serpiente o una iguana.

¿Cuál es la tesis que has desarrollado?

Mi tesis la componen las siguientes premisas:

· La existencia en Caguana de la representación de la deidad Iguanaboina, parte del mito recogido por fray Ramón Pané a finales del siglo XV en La Española.

· Hay una correlación entre el mito recogido por Pané y el hallazgo de las iguanas-serpientes de Caguana.

· Las aceras o calzadas de piedra norte y sur del batey principal son representaciones de serpientes, y las hileras de monolitos este y oeste del batey principal y la hilera de monolitos de la plaza ovalada son representaciones de iguanas.

· El mito de Iguanaboina evolucionó de un culto a la iguana y la serpiente en una cueva, al culto en una plaza ceremonial.

· La plaza principal del Centro de Caguana era el lugar principal donde los taínos celebraban el culto a Iguanaboina. Era un espacio sagrado donde convergían el mito, el símbolo y el rito.

· El culto a la deidad taína de Iguanaboina fue una adaptación antillana del culto de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, de nahuas, toltecas y aztecas, y de su contraparte, Kukulkán o Cucumatz, de la cultura maya-quiché.

¿Por qué estas estructuras no se habían asociado antes a las figuras de las serpientes o iguanas?

Los primeros estudios del Centro Ceremonial de Caguana y de su batey principal fueron realizados entre 1914 y 1915 por el Dr. Franz Boas y un grupo de investigadores. El lugar, además de estar cubierto por maleza, estaba en ruinas y era difícil asociar las estructuras a serpientes o iguanas. Igualmente pasó más tarde con los investigadores John Alden Mason y Robert T. Aitken, quienes tampoco pudieron hacer la asociación debido a las mismas circunstancias.

En el año 1956, el Dr. Ricardo Alegría solicitó a la Asamblea Legislativa los fondos necesarios para adquirir los terrenos donde ubica el Centro Ceremonial, excavarlo y restaurar los monumentos. Gracias a ese extraordinario esfuerzo, este patrimonio cultural se rescató para que las generaciones actuales y futuras pudieran apreciarlo, estudiarlo, disfrutarlo y conservarlo. Alegría y sus colaboradores cercanos hicieron una labor que debemos agradecer y valorar. Pienso que no se percataron de las representaciones de estos reptiles por varias razones. Dada la morfología aparentemente simple de las calzadas norte y sur y de las hileras de monolitos este y oeste, resulta difícil detectarlas y asociarlas a algún símbolo o patrón.

A primera instancia, y más aún viéndolas de cerca, cualquier otro investigador en las mismas circunstancias las hubiese asociado con simples aceras o calzadas de piedra. Solamente pueden detectarse las siluetas de las calzadas y asociarse a serpientes o iguanas desde ciertos ángulos, distancia y perspectiva. Otra razón fue debido a la gran cantidad y calidad gráfica de los petroglifos en el batey principal de Caguana, que podían observarse a simple vista. Estos petroglifos con representaciones antropomórficas y zoomórficas eran tan sugestivos e interesantes que las personas que restauraron las calzadas y las hileras de monolitos se concentraron en ellos. Los investigadores, después de finalizada la restauración del lugar, continuaron concentrando sus estudios en los petroglifos sin prestar atención a las calzadas, ni a la rara morfología de las hileras de monolitos. Continuaron viendo y asociando las aceras o calzadas a una función obvia y práctica de servir para caminar sobre ellas. No asociaron su forma a su otra función, la ceremonial. Lo mismo pasó con los miles de turistas que han visitado el lugar, cuya atención la capturó lo majestuoso de los petroglifos.

Otra razón por la que nadie se percató de la existencia de las formas de las serpientes es que las siluetas no pueden catalogarse como esculturas. Son una especie de instalación o composición. El artífice indígena elaboró la imagen utilizando el elemento natural de la piedra, con diferentes tamaños y posiciones, sobre un soporte de tierra. Lo mismo se puede decir de las representaciones de iguanas-serpientes con las hileras de monolitos. Lo sorprendente de esta obra de arte es que en ambas representaciones de serpientes, el artífice taíno, utilizó, probablemente, de manera intencional, elementos de perspectiva e ilusión óptica. Vistas de cerca, las serpientes o calzadas tienen un ancho aproximado de 5 pies. Cuando se miran desde cierta distancia y de cierto ángulo, en ambas configuraciones se recrea por medio de la perspectiva la morfología exacta de una serpiente. Se puede observar a la perfección que las figuras se vuelven más angostas desde la parte superior hasta reducirse a un ancho de pocas pulgadas, al final de la calzada, lo que correspondería al rabo.

No se puede descartar que el artista taíno haya querido incorporar en las tallas una de las características de las serpientes y de las iguanas, el mimetismo o la habilidad de confundirse con el entorno que les rodea por medio de la coloración o de los diseños de su piel. Por la forma en que están instaladas, las piedras de las calzadas norte y sur se pueden asociar claramente con las escamas de la piel de una serpiente. Las piedras de las hileras de los monolitos este y oeste recrean el lomo de la iguana con sus espinas.

Deseo aclarar que el único investigador que intuyó anteriormente una relación entre calzada y serpiente fue el arqueólogo Osvaldo García Goyco.

¿Quién era Iguanaboina?

Era una deidad taína documentada por Pané, de carácter híbrido. Estaba constituida por los cemíes gemelos Marohu, representado por la imagen de la iguana, y Boinayel, representado por la imagen de la serpiente. Esta deidad, por medio de sus dos cemíes, era adorada en la cueva de Iguanaboina. Representaba para los taínos las poderosas energías de Yocajú Bagua Maorocotí, la deidad principal. Las energías de este dios eran canalizadas a través de la representación de Iguanaboina mediante un culto mágico-religioso. Por medio de éste, los taínos obtenían la fertilidad para sus conucos, para todos los seres vivientes de los cuales obtenían su sustento, así como para los árboles y plantas de donde obtenían la materia prima para elaborar diferentes artefactos de su cultura material, vivienda y productos medicinales.

¿Cómo se relaciona el mito recopilado por fray Ramón Pané a las serpientes de Caguana?

En su segundo viaje a América en el año 1493, el almirante Cristóbal Colón encomendó a Ramón Pané, fraile de la Orden de los Jerónimos, la misión de investigar y documentar las creencias religiosas de los indígenas de la isla de Bohío o Haytí, a la que después se conoció como La Española. Recibió la orden de vivir en el Fuerte de La Magdalena y para aprender la lengua fue a vivir con el cacique Guarionex. Pané terminó su trabajo alrededor de 1498 y cuando Colón volvió a España en 1500, cargó con el documento. En el capítulo 11 de su libro ‘Relación acerca de las antigüedades de los indios’ aparece la mención de Iguanaboina.

¿Qué otras figuras, además de la serpiente, aparecen entre los petroglifos de Caguana?

Aparece la probable figura o petroglifo de un jaguar. Es una hipótesis preliminar que habré de comprobar posteriormente. La probable existencia de ese petroglifo es sumamente importante, pues el jaguar está asociado en la mitología antillana a la serpiente. Es un símbolo que no había aparecido aquí, en el contexto del Centro Ceremonial de Caguana. En Mesoamérica está presente esta asociación de la serpiente y el jaguar; acá reflejaría una influencia maya.

*Fuente: El Nuevo Dia - La Revista www.endi.com/