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miércoles, 14 de noviembre de 2007

Su nombre: Wakía Arawaka

Por Carmen Cila Rodríguez
De La Perla del Sur

De pronto, seis místicos personajes aparecieron sobre el Batey del Centro Ceremonial Indígena de Tibes, luciendo en sus cabezas coronas de paja y elaborados collares de caracoles.

Al compás de un tambor, cantaban en una lengua extraña y bailaban alrededor de una humeante fogata, ataviados con taparabos, con sus pies descalzos y un impresionante color cobrizo en la piel.

Pero ni eran espíritus, ni seres disfrazados de ancestros.

Los protagonistas de este místico encuentro eran el grupo Wakía Arawaka Taína, una entidad sin fines de lucro que lleva poco más de dos años de establecida y que realiza presentaciones indígenas con más de una veintena de integrantes.

Su nombre significa en castellano ‘Nuestra Danza Taína’ y su lema grita que ‘ser taíno no es color, sino sentimiento’.

Sus fundadores son Elizabeth Rodríguez Rivera y Edgar O'Neill Rosado, un matrimonio ponceño dedicado enteramente a transmitir y perpetuar el legado de nuestros antepasados con el estudio de su lenguaje, la recreación y utilización de sus instrumentos musicales, su vocabulario y su gastronomía.

Su amor, orgullo y pasión por la raza indígena es tal que, incluso, exhiben a diario -dentro de los marcos actuales de la sociedad- sus prendas y accesorios a la usanza de estos antiguos moradores, sin dejar de ser ciudadanos puertorriqueños.

Además, como muchos otros que aprecian esta cultura, utilizan nombres indígenas. Ella es Ana Sarobey, que significa ‘flor de algodón’, mientras a él lo llaman Yerut.

Vea el artículo completo

martes, 10 de julio de 2007

Curiosidad que lleva al pasado

Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com


Ernie Rivera, de 27 años y que trabaja como maestro de historia, muestra una pieza de barro con detalles propios de la cultura indígenas que halló durante su niñez en el patio de su vivienda, que ubica en el barrio Tibes. (Tony Zayas)

Expertos hallan en Tibes más restos de culturas precolombinas.

PONCE - De niño, Ernie Rivera, con pico y pala en las manos, se internaba en las áreas boscosas del patio de su casa en el barrio Tibes en busca de objetos que comprobaran los relatos que sus abuelos le hacían sobre los indígenas que antes vivían en el área.

Las travesías “tipo Indiana Jones” lo llevaron a encontrar rocas y pedazos de cerámicas que parecían restos taínos. Sin embargo, casi nadie le creía que los artefactos habían sido de los indígenas. Después de todo, era sólo un niño que no tenía muchos conocimientos de historia ni de arqueología.

Ese panorama cambió. La presencia de rastros taínos en su comunidad fue confirmada. Rivera, de 27 años, es maestro de historia en un colegio de Ponce y parte del área boscosa en el barrio Tibes que visitaba cuando niño ahora es excavada por un grupo de arqueólogos que han encontrado allí objetos de los habitantes precolombinos.

“Yo lo decía, pero la gente no me creía que eran cosas indígenas. Mi curiosidad siempre fue por esas historias orales que me contaban mis abuelos”, recordó Rivera.

Hasta ahora, los arqueólogos han encontrado una hilera de rocas de un batey, montículos de tierra que antes eran depósitos de basura de los indígenas, petroglifos, amuletos, huesos y pedazos de cerámica.

Michael McCaffery, uno de los encargados de las excavaciones para la compañía New South Associates, indicó que preliminarmente estiman que los restos pertenecen a las culturas pretaína y taína, ya que se han encontrado objetos que datan del periodo entre el año 700 y el 1,500. “Probablemente, ésta era un área que estaba activa durante la llegada de los europeos”, dijo McCaffery mientras mostraba a El Nuevo Día las excavaciones.

McCaffery indicó que los hallazgos de menos antigüedad, relacionados a la cultura taína, están concentrados en el área del batey. Las piezas en el montículo contiguo son muy elaboradas, por lo que éstas y varios petroglifos llevan a los investigadores a pensar que el área alrededor del batey fue usada con propósitos ceremoniales y no de vivienda.

“Ahora mismo estamos excavando donde entendemos que debe estar el parque de pelota. Estamos tratando de buscar el piso del parque, que la tierra está más compactada, y estamos examinando si hay o no artefactos en el batey. La ausencia de artefactos nos llevaría a sustentar más que el parque era ceremonial”, dijo McCaffery.

Precisamente, cerca de las excavaciones se encuentra el ya estudiado Centro Ceremonial Indígena de Tibes. Este parque, según reportes arqueológicos, fue usado originalmente por los indígenas de la cultura igneri y luego por los aborígenes de la cultura pretaína. Las áreas de vivienda de los que usaron los bateyes del parque ceremonial no han sido encontradas.

Como a unos 100 metros del batey taíno que excavan los arqueólogos de New South Associates hay otra área excavación donde se han encontrado artefactos precisamente con características pretaínas.

Según McCaffery, las características de esta área llevan a pensar que no era utilizada sólo con propósitos ceremoniales, sino que, contrario a la otra área bajo estudio, era un espacio de vivienda. “Parece que primero vivieron aquí aborígenes y después convirtieron esto en un área ceremonial”, explicó.

La arqueóloga Carmen Martínez indicó que es muy probable que exista una relación directa entre estos nuevos descubrimientos y los custodiados en el Centro Ceremonial. McCaffery, por su parte, informó que algunas de las piezas de este yacimiento serán llevadas a laboratorios para examinar a fondo estas y otras teorías. Después del periodo investigativo, las piezas que se encuentran en mejores condiciones serán expuestas en museos.

Los primeros hallazgos de artefactos precolombinos en este yacimiento se efectuaron a finales de la década de 1980 como parte de los trabajos relacionados a una represa ponceña.

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Historia
Los primeros hallazgos de artefactos precolombinos en Tibes se efectuaron a finales de la década de 1980 como parte de los trabajos relacionados a una represa ponceña.

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El Nuevo Dia: http://www.endi.com/XStatic/endi/template/nota.aspx?n=242392

miércoles, 7 de febrero de 2007

De la zona amazónica las antiguas madres....

Por Carmen Millán Pabón

La zona amazónica parece ser la cuna de las antepasadas indígenas de la mayoría de los puertorriqueños de hoy.

Según estudios científicos de material de ADN mitocondrial que desarrollan el genetista especializado en evolución molecular Juan Carlos Martínez Cruzado y el arqueólogo y antropólogo Juan José Ortiz Aguilú, en Puerto Rico se han detectado 19 linajes indoamericanos, y el más común tiene un marcador que lo identifica como oriundo de América del Sur, específicamente de la región del Amazonas. “La evidencia arqueológica demuestra que, hace 6,000 años, había gente en Puerto Rico. ¿De dónde vinieron? Unos dicen que de América del Norte, otros de (América del) Sur. Una cosa no excluye la otra y queremos averiguar”, expresó Martínez Cruzado.

El genetista, que además es profesor en la Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), de la Universidad de Puerto Rico (UPR), identificó el linaje que tiene el 21% de todos los indígenas como el C-1.

“Sospecho que este grupo es representativo y que llegó a Puerto Rico con los llamados saladoides, aproximadamente 500 años antes de Cristo. Ellos trajeron la cerámica y también la yuca”, sostuvo el estudioso.

El linaje C-1 experimentó una expansión poblacional al llegar a Puerto Rico, de manera que, aunque es el más frecuente, no es el más antiguo.

El segundo linaje más común -según apunta la investigación- es el que han llamado A-1, que tiene 16% de frecuencia. Aunque todavía no se ha podido asociar con ninguna región en el continente, la variabilidad sugiere que es de origen muy antiguo, posiblemente arcaico (antes de los saladoides y de los arauacos).

De los 19 linajes maternos indígenas encontrados en Puerto Rico, Martínez Cruzado encontró un total de cinco grandes familias de ADN mitocondrial en el “nuevo mundo”.

Esas familias fueron identificadas como A, B, C, D y X, esta última es la única cirscunscrita a América del Norte.

El ADN mitocondrial de las familias A, B, C y D se encuentran en América del Norte, Centro y Sur y en el Caribe.

En Puerto Rico, el más común es el A, con un 52% de frecuencia y nueve linajes; el segundo es el C con un 36% de frecuencia y cuatro linajes; el B tiene 9% y cuatro linajes; y, el D, 3% y dos linajes.

“Los linajes son ADN mitocondriales que son suficientemente distintos a los demás como para proponer que llegaron a Puerto Rico independientemente. Nueve componen el 84% del total de ADN mitocondrial indígena en Puerto Rico. Los otros diez no son frecuentes y sospecho que son de llegada reciente, post colonización. Eso es necesario confirmarlo con las osamentas”, indicó Martínez Cruzado.

El ADN miotocondrial se hereda únicamente de la línea materna y por eso es un marcador tan distintivo. El ADN mitocondrial que tiene una persona hoy en día es el mismo -excepto por las mutaciones- que tenía una antepasada directa hace miles de años atrás.

*Source: El Nuevo Dia

lunes, 5 de febrero de 2007

Orgullosos de su identidad taína*

Por Carmen Millán Pabón
Participantes del estudio genético celebran la certeza de sus orígenes precolombinos


José Seda Almodóvar se sometió voluntariamente al
estudio genético de interés antropológico, el cual lo
identificó como parte del linaje indígena A-I.

El poeta hizo la pregunta y el estudio del ADN mitocondrial de los puertorriqueños está dando las contestaciones.

José Seda Almodóvar y María de los Ángeles Giménez de Morales ya saben con certeza qué decirle a Fortunato Vizcarrondo, autor de “Y tu agüela, ¿aónde ejtá?”

Ambos son indígenas y haplogrupo A, con combinaciones adicionales que los identifica del Linaje Indígena A-I, el segundo más común en Puerto Rico, que nunca se ha encontrado en personas que no sean de ascendencia puertorriqueña.

José, de 65 años, siempre supo que tenía “la rajita” indígena. Su abuela materna poseía una “mata de pelo lacio y negro” que lo hechizaba cada vez que se soltaba el moño.

“Tenía también la nariz y los pómulos sobresalientes, los llamados ‘dientes de pala’ y la piel cobriza”, dijo evocando recuerdos de la niñez que ahora ata a los resultados de las pruebas genéticas de interés antropológico que se hizo de forma voluntaria.

Esas pruebas se han estado haciendo extrayendo células de la raíz del pelo o de tejido bucal.
“Uno se siente bien. Fue gracioso, porque los que no salieron indígenas no salieron contentos”, añadió riéndose.

Orgullosa de confirmar sus orígenes precolombinos, la pintora Giménez de Morales, se emocionó de manera indescriptible y dijo “entender” muchas de las sensaciones de identidad taína que había tenido a través de toda su vida.

“Mis hijos se pusieron contentísimos. Cuando llegaron los resultados los tuve que leer tres veces”, dijo emocionada.

La mujer, de 66 años y residente en Estados Unidos, siempre estuvo atraída a lecturas sobre temas taínos, que traducía en pinturas y trabajos. “Desde pequeñita mi mamá me hacía historias de los indios y cuando comencé a pintar, pintaba indios”, recordó con entusiasmo.

Al enterarse de que dos investigadores trabajaban en la identificación del ADN mitocondrial indígena, los contactó y se sometió voluntariamente al estudio.

“Me habían dicho que tengo ‘dientes de pala’, una característica indígena, pero otra cosa es saber que tenía genes indígenas y del linaje indígena A-I, que nunca se ha encontrado en personas que no sean de ascendencia puertorriqueña”, dijo más que feliz la admiradora de piezas taínas, que ahora se pregunta si fueron creadas por alguna de sus antepasadas directas.

*Source: El Nuevo Dia

viernes, 5 de agosto de 2005